Tus recuerdos caen como caen las secas hojas de otoño.
Tus ojos ya no miran a nadie. Miran a la lejanía.
Tu semblante se muestra lívido como la roca.
Tus manos, frías y blanquecinas.
Arrancarte una sonrisa es díficil.
Pues ya no me recuerdas.
Me miras pero no sabes quien soy.
Te ríes aunque por dentro mueras.
Al final ríes pero no sabes el porqué.
Nuncas dejes de reir, abuela
porque mi corazón estará a tu lado
hasta que muera.